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miércoles, 10 de julio de 2013

Juicio


-Yo llamo a declarar al acusado- dijo el juez que sostenía unas pequeñas hojas de papel.
El acusado se acercó con paso lento. Su superficie trémula parecía temerosa del veredicto. El abogado acusador se levantó con aire reverente y se acercó lentamente.

-Es increíble el descaro con el que se presenta a este tribunal. Después de la serie de calamidades que desató. Su atrevimiento incluso debería ser penado. Yo exijo señor juez para el acusado. Se le dé un castigo ejemplar. Para sustentar mi petición me he permitido traer otras gotas testigos-
Una a una entró como en una procesión mesiánica. Las gotas del jurado miraban a la gota acusada.
-Permítanme entrevistar a cada una de las testigos- fue la petición del abogado mientras se ajustaba su corbata triunfalmente, sabía que el juicio era suyo. Todas las pruebas apuntaban al acusado. Era momento del desahogo de pruebas.

-No a lugar- dijo el juez. El testimonio de uno basta.
-¡Protesto su señoría!-
-He dicho que no lo considero necesario. El testimonio de uno es tan válido como el de sus 3,000 testigos. Ahora, prosiga-
-Es verdad…- dijo el abogado intentando dar un aire dramático al momento – que es usted, ¿la gota que derramó el vaso? –
Con la serenidad de los viejos monjes la gota asintió lentamente.
-¿Y es verdad que ha sido usted la causante de infinidad de males?-
Asintió nuevamente.
-¿Puede observar el cinismo con el cual admite los cargos su señoría? ¡No requerimos de mayores testigos! ¿No creen ustedes?-
Un solo testigo pasó a declarar mientras las 2999 gotas restantes respondían siempre con monosílabos. Aplaudían las participaciones del abogado acusador haciendo con ello el ruido de la lluvia y abucheaban al abogado defensor. Después de varias horas la gota acusada rompió el silencio y pidió la palabra.
-A lugar – Respondió el juez.
-Quiero a los guardias permitan el paso del cuerpo del delito- un ruido de algo arrastrándose por la duela se escuchó en el fondo del recinto. Los guardias (que está por demás aclarar también eran gotas) empujaban un vaso enorme.

Seguro de cada movimiento, se giró al juez una vez que el vaso quedo a mitad de todos los que observaban.
-Quiero pedir su señoría. Que entren en aquel vaso cada una de las 3000 gotas que el día de hoy han testificado contra mí-
Una a una fue cayendo en el fondo de cristal mientras que el nivel que formaban se acercaba al borde. La gota 2997… 2998 y 2999. Se tambaleaban peligrosamente en el borde sostenidas unas a otras con fuerza para no caer. La gota número 3000 apenas y encontró un lugar tambaleándose como su fuera la superficie débil de una gelatina. Y entonces la acusada subió por la escalinata recargada en la orilla del vaso y al llegar hasta arriba cayó sobre las demás.
Un grito ahogado se escuchó en la sala. Era cierto. El crimen volvía a ser cometido con total descaro. El acusado era realmente la gota que derramo el vaso. Mientras la gota bajaba por la orilla de cristal dijo mirando al abogado.

-Quiero que esta vez sea el abogado quien se arroje. -
-¿Qué es lo que quiere probar?- dijo el juez.
-¡Protesto!- grito el abogado.
-Probar que soy inocente- respondió la gota que había tocado la duela de madera y volvía a levantarse-
-Proceda- indico el juez
-Pero esto es absurdo-
-Absurdo es que haya traído 3000 testigos, todos iguales, ahora prosiga-
El abogado llegó a la punta de la escalera. Las 3000 gotas seguían sosteniéndose con fuerza. Y al caer con el característico sonido de una gota… el vaso… se derramo.
-¡El también derramó el vaso!-

La gota se lloraba a sí misma, pequeñas gotitas salían y volvían a mezclarse con la gota acusadora.
-En los problemas cotidianos. En aquellas traiciones. En aquellas peleas. En los problemas económicos. ¿Quién es el culpable?- pregunto la gota rompiendo el silencio.
-¿Díganme quien es el culpable? ¿La gota que derramo el vaso o el resto de gotas que ya estaban antes?-

Diga usted Juez Selene. Quien es el culpable.